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NUESTRA ACCIÓN

 

MADRID: La  Asamblea General del  MMM  se llevo los dias  9 y  10  de Junio de 2005

                 Los miembros  del  MMM trataron el  tema :

Conciliar  vida  familiar y vida profesional,  un real desafío  para la sociedad

ver la Intervención a cargo de Mª Teresa López López, Fundación Acción Familiar

Sintesis de la posición del  MMM

Los  objetivos :

El trabajo asalariado  o  remunerado de las  mujeres ha conocido un aumento muy importante en los últimos años en las sociedades occidentales.   Cada vez,  más mujeres acceden a una sólida formación profesional o a un alto nivel de estudios,  lo cual  trae aparejado el legítimo deseo de desarrollar una carrera  profesional   y ocupar  posiciones  laborales  más  altas.  Esta decisión,   no debe ir en detrimento del deseo de tener hijos ;  no sólo porque formar una familia es un derecho fundamental  y fuente de prosperidad para  la sociedad  sino  porque además,  el trabajo de las mujeres es  un factor creador  de riqueza y  de  empleo.

Ejercer una actividad profesional es  un  imperativo para muchos y en particular para  las familias más  necesitadas y  para los  padres y madres que crían solos a sus hijos.

Paralelamente,  el trabajo de las mujeres en el hogar representa un  aporte precioso en nuestras sociedades tanto  el que realiza  ocupándose de sus  hijos,  como el  que concreta creando vínculos sociales en su  barrio, en la  escuela  y en las asociaciones

en las  que  ella  asume un compromiso personal.   También es  valioso su aporte en el

cuidado y/o  asistencia de personas de edad avanzada y  de minusválidos y/o discapa-citados,  casos éstos en los que  ella suplanta  o completa la intervención o ayuda institucional.

Este importante  trabajo  debe ser  mejor  reconocido y valorizado  en su justa dimensión .

Hemos constatado que,  en los países que han sabido poner en práctica una política activa para ayudar a los padres en general  y a las mujeres en especial, a trabajar  ocupándose también de la familia,  la tasa de crecimiento demográfico alcanza un nivel satisfactorio, como por ejemplo en los países escandinavos y en Francia. 

Y, por el contrario, en los países que  han ocultado este problema  obligando a las mujeres a elegir entre  efectuar un trabajo remunerado o bien  tener hijos  y permanecer en el hogar,  dicha tasa de crecimiento demográfico ha caído a niveles  inquietantes como en Italia y en España  y desde hace tiempo ya, en Alemania.

Más allá de las consecuencias demográficas señaladas,  es necesario abordar la cuestión de la posición  que se otorga a las mujeres en la sociedad  y en la vida profesional, abordando simultáneamente el  importante tema de la Maternidad.

La conciliación entre vida familiar  y  vida profesional  se ha transformado en un tema social  de actualidad,  con resonancia directa en  los objetivos demográficos, así como en la deseada  igualdad  entre  hombres y mujeres.

Esta cuestión concierne directa  y fundamentalmente a las mujeres,  ya que,  son ellas quienes asumen la mayor  parte de las tareas  educativas y  domésticas y son también ellas quienes  constituyen  la mayoria de los  hogares monoparentales.   Por tanto, esta conciliación no podrá lograrse  sin los padres.   Es importante, tanto para los hijos  como  para  las mujeres,  que éstos asuman  plenamente su rol,  complementario del  de las madres,  y que  asuman también sus  diferentes responsabilidades  familiares.

Al abordar este sujeto ,  nos parece importante precisar  que,  una política destinada a permitir esta conciliación entre vida familiar y vida profesional,  deberá ser  lo más completa y elástica  posible,   y respetuosa al mismo tiempo,  de la elección hecha por los padres.  No existe, en efecto,  un  modelo familiar  único.  Cada familia  debiera poder  conciliar sus diferentes roles en función de la elección  particular que ha hecho según sus propias necesidades y de  los cambios que afronten  en el futuro.

La vida y los apremios de los padres,  y en especial de las madres,  son bien diferentes según sea su origen social ,  su nivel de estudios, su situación familiar  el origen y la situación profesional del cónyuge,  el núméro de hijos a cargo,   la presencia en el hogar de hijos minusválidos  o discapacitados  o  la presencia en su entorno de adultos  de edad avanzada o con problemas de salud  o con diversos tipos de handicap,  como así también  según  su propia resistencia  física y  psicológica.

Cada vez más,  la vida de las  Madres  no se refleja en una línea recta  sino que está constituída por  tramos  de vida  diferentes .

Muchas madres trabajaron mucho  antes de tener hijos,  otras no trabajaron nunca, otras continúan con su profesión después del primer hijo,  algunas disminuyen la cadencia laboral después del segundo hijo o bien  se detienen por algunos años y luego retoman,  otras no  se detienen nunca…..A ésto se agregan  los sucesos felices o difíciles que tienen  consecuencias sobre la elección  hecha y que  las  obligan a efectuar  cambios y a adaptarse  :  pérdida de la situación laboral de uno o de los dos cónyuges,  enfermedades, divorcios,  viudez…

En consecuencia,  estimamos que toda política tendiente a facilitar la conciliación entre la Vida Familiar  y la Vida profesional debe articularse alrededor de tres objetivos :

#   Apoyar  a  los padres,  de manera que éstos  puedan tener el número de hijos que desean.

#   Respetar la libertad de los padres  para decidir  si desean continuar  su  actividad  profesional  o bien  trabajar  a tiempo parcial o bien   interrumpir por un cierto tiempo su actividad laboral,   brindándoles  una ayuda  adaptada a la decisión  que hayan tomado.

#    Posibilitar una buena calidad de vida a los padres –y en particular a las madres- que desean o deben  continuar trabajando, por medio de una amplia  y flexible gama de medidas de todo tipo.

Proposiciones :

El  MMM  desea que se posibilite  dicha conciliación  entre vida familiar y vida profesional a través de un conjunto de medidas  que se reflejen tanto en el Código laboral,  la oferta de distintos modos de guarda de los niños,  la jubilación,  etc.,

como por ejemplo :

       El desarrollo e inscripción en el Código de Trabajo de una Licencia por Maternidad tal como la prevée la      

            Directiva      183 de la Organización Internacional del Trabajo ,  con un mínino de Licencia antes del parto de 8           

            semanas y después del parto de no menos de  10 semanas  y  más extensa aún, a partir del 3er. hijo.

       La puesta en práctica de una Licencia paga de 1 à 3 años con derecho a ser reintegrado/a  en la  empresa,

           para  los padres y madres que deseen ocuparse de sus hijos pequeños.

 

       El otorgamiento de una Licencia paga  por cada hijo enfermo, que permita a uno de los padres  ya sea dejar de        

            trabajar o bien trabajar a tiempo parcial a fin de poder ocuparse de un hijo que sufre de una enfermedad grave.

El desarrollo de diferentes modos de guarda de los niños : guarderías colectivas, personal formado a este fin,  y todo otro sistema que permita a los padres elegir aquél  que convenga a sus necesidades.

      La  posibilidad de acceso de los niños al sistema escolar  desde los 3 años.

      La posibilidad de actualizarse profesionalmente  para aquellas madres que dejaron de trabajar  por

            un  cierto   período, y de acceder a cierta formación  que las ayude al  volver al mercado laboral.

La creación de una equivalencia universitaria a fin de valorizar la experiencia y  los conocimientos específicos adquiridos durante el tiempo dedicado a educar a los  hijos  o bien  asistiendo  a personas dependientes.

 La toma en cuenta de la carga familiar en el cálculo de los derechos que posibilitan el acceso a la jubilación y la creación  de derechos específicos  para las madres que se han ocupado exclusivamente de la familia. Y la creación también de derechos específicos para los hombres y mujeres que asumieron la carga de sus propios padres – por razones de edad, de enfermedad o de discapacidad – o bien la de  los hijos enfermos o minusválidos.

El  MMM manifiesta su satisfacción ante la aparición del Libro Verde que revela la determinación de la Comunidad Europea de enfrentar estos problemas preconizando soluciones  afines a las  mencionadas precedentemente.

 

 

 

EL FUTURO DE LAS POLÍTICAS DE CONCILIACIÓN DE LA VIDA FAMILIAR Y LABORAL

 EN EL MARCO DE LAS INSTITUCIONES COMUNITARIAS.

Intervención a cargo de Mª Teresa López López, Fundación Acción Familiar

Directora de la Cátedra de Políticas de Familia

Universidad Complutense de Madrid)

Junio 2005

INTRODUCCIÓN.

La principal razón por la que se viene prestando atención al estudio de las políticas de conciliación de la vida familiar y laboral en el marco de la Europa comunitaria ha sido la defensa de un derecho básico, como es el de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para acceder y sobre todo para permanecer en el mercado de trabajo. La evolución de las principales variables demográficas en los países miembros y las dificultades de sostenibilidad futura de los estados de bienestar europeos, alerta sobre la necesidad de continuar trabajando en esta cuestión.

Avanzar en la igualdad de trato y de oportunidades, y la necesidad de hacer sostenibles en el futuro los sistemas de bienestar europeos, son ya razones suficientes para validar el interés del tema que nos ocupa, sin embargo parece necesario ir al fondo de la cuestión.

La casi totalidad de las referencias que se encuentran en los documentos de la Comisión Europea, del Consejo, o de cualquier otra institución comunitaria, identifican las políticas de conciliación con políticas de mujer, asignándolas un doble objetivo:  facilitar la no discriminación laboral y ayudar a las mujeres con responsabilidades familiares a participar en el mercado laboral. Sin embargo la conciliación de la vida familiar y laboral no debe ser tratada sólo desde la perspectiva de la mujer, ya que todos los miembros de la familia están involucrados en ella, así como también lo están los responsables políticos y la sociedad en general. 

Las políticas de conciliación familiar y laboral no son políticas de mujer, aunque si se implementan bien, pueden ser instrumentos muy útiles que ayuden a avanzar en la no discriminación y en la igualdad de trato. Las políticas de conciliación son políticas de familia y por ello deben ser tratadas desde una perspectiva mas amplia. Hay que incorporar a su análisis, además de los derechos de la mujer, otros derechos, como los de las personas dependientes que viven en familia: el derecho de los hijos a ser cuidados, educados y atendidos por los padres y el derecho de los ancianos a permanecer, en las situaciones en las que esto sea posible, bajo el cuidado de sus familias. Así las políticas de conciliación deben ser consideradas como el paradigma de la defensa de los derechos familiares.

El objetivo de mi intervención es aportar algunas reflexiones acerca del futuro de las políticas de familia, con especial consideración hacia las orientadas a facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral ampliando el enfoque tradicional de las mismas. Igualmente trataré de aportar nuevas propuestas que deberían reflejarse en el Libro Verde que ha sido elaborado desde la Comisión Europea en el pasado mes de marzo. Para ello dividiré mi intervención en tres partes.

  1. En la primera estableceré las premisas de partida que deberían estar presentes en cualquier análisis sobre políticas de familia y especialmente de conciliación. La aceptación de estas premisas evitará caer en el error de arbitrar políticas públicas de familia que tengan efectos perversos sobre ésta, y sólo sirvan para alcanzar objetivos contrarios a los deseados que no deberían ser otros que el apoyo y fortalecimiento de la red social que forma la familia.
  2. En segundo lugar me referiré a cual ha sido hasta ahora el papel que se ha dado a las políticas de conciliación familiar y laboral en las políticas comunitarias y hacia donde se ha tratado de orientar a los estados miembros.
  3. En la sección tercera recogeré algunas propuestas y recomendaciones sobre el futuro de las políticas de familia en el seno de las instituciones comunitarias. La carencia de buenas políticas de conciliación dificulta el derecho de igualdad de trato, pero también pone en juego otros derechos esenciales no sólo del padre y de la madre, sino también de niños y ancianos. La defensa de todos ellos exige la construcción de un modelo social europeo apoyado en un Estado de Bienestar Corresponsable en el que todas las partes implicadas: familia, estado y sociedad, tomen conciencia de esta necesidad y asuman cada una su responsabilidad. Ni la familia, ni el estado tienen capacidad para asumir solos la responsabilidad de construir una sociedad mas cohesionada  y mas humana. 

 

1. PREMISAS DE PARTIDA.

            Para poder valorar la bondad económica y la eficacia de las políticas de familia, y especialmente las de conciliación, se deberían tener presentes cuatro premisas fundamentales:

  1. La responsabilidad que se deriva de tener una familia, es decir, la responsabilidad de tener hijos, de cuidar de ellos y de educarlos, es exclusivamente de la familia. La sociedad en general y los poderes públicos en particular deberán ayudarla a cumplir con sus funciones, pero nunca deberán arbitrarse políticas públicas que la sustituyan, excepto en aquellos casos en que ésta no pueda desempeñar adecuadamente sus funciones. Por tanto, no parece que puedan ser consideradas como las mejores políticas de conciliación las que separan a las madres de sus hijos. 
  2. Las políticas de familia y especialmente las de conciliación no deben identificarse con políticas de mujer, ni de infancia, ni de ancianos, por poner algún ejemplo. Las políticas de familia son políticas públicas cuyo sujeto beneficiario no es un individuo, sino la familia, entendiendo que ésta es una unidad por si misma, que aporta a la sociedad mucho mas que lo que aporta la suma de sus miembros y por tanto sus derechos van mas allá de los derechos individuales de cada uno de ellos. Por tanto las políticas de familia deben proteger los derechos de todos y cada uno de sus miembros pero sobre todo aquellos otros que se derivan de su unidad. Deben proteger el derecho de la mujer a acceder y permanecer en el mercado de trabajo en igualdad de condiciones que el hombre pero también, el derecho de los hijos a ser educados por sus padres y el de los abuelos a ser atendidos por sus hijos; o porque no proteger el derecho de los padres a disfrutar de tiempo de ocio con sus hijos, o el de los cónyuges a tener tiempo libre sin que los horarios de trabajo acaben matando esos espacios de comunicación personal tan necesarios para la estabilidad familiar. Es frecuente que a la hora de organizar políticas de conciliación de la vida familiar y laboral se muestre a los hijos, a los niños y los ancianos como “objetos” o como “obstáculos” para el ejercicio del derecho al trabajo de la madre, y el padre, mas que como personas que necesitan el apoyo de la familia. Un claro ejemplo de ello es la forma de denominarlos en algunas prestaciones de nuestro sistema de seguridad social, que al referirse a ancianos, discapacitados o personas dependientes se habla de “cargas familiares”.
  3. La familia, y las decisiones que se toman en ella, no afectan exclusivamente a la esfera privada. Existen fuertes interrelaciones entre las decisiones tomadas en la familia,   y las tomadas por el estado. De sus decisiones se derivan importantes efectos económicos que afectan a la totalidad de la sociedad. Para lograr un equilibrio económico sostenido en el tiempo, en el que el papel del capital humano es la clave, es imprescindible llegar a un equilibrio entre el tiempo dedicado al trabajo y el dedicado a la familia. 
  4. La cuarta y última premisa está en afirmar que la necesidad de arbitrar políticas públicas de familia y especialmente de conciliación, y por tanto su justificación,  no está en circunstancias coyunturales, o en cambios concretos y puntuales, sino que existen argumentos mucho mas sólidos y duraderos de carácter económico y social. Como este no es el objeto de mi intervención, no me detendré en él, apuntando sólo los fundamentales: el papel que desempeña como una institución fundamental para la cohesión social; como el primer lugar de socialización de los individuos; como principal inversora en capital humano; como la institución en la que se aprenden los principales valores sólidos de una sociedad –la solidaridad, el respeto, la tolerancia, el trabajo en equipo, entre otros-.

Sólo teniendo claras estas cuatro consideraciones se podrán arbitrar políticas que faciliten la conciliación y que no lesionen ningún derecho de todos y cada uno de los miembros de la familia y que además ayuden a construir realmente una sociedad mas humana.

 

2. POLÍTICAS DE APOYO A LA FAMILIA EN EL MARCO DE LAS INSTITUCIONES COMUNITARIAS.

En las normas y documentos comunitarios pueden encontrarse numerosas referencias a la necesidad de arbitrar políticas de conciliación de la vida familiar y laboral, pero siempre desde su consideración como instrumento para lograr avanzar en la igualdad de trato. Es evidente que para facilitar la entrada y sobre todo la permanencia de la mujer en el mercado de trabajo, las políticas de conciliación juegan un papel clave. Sin embargo no debe ser éste su objetivo prioritario, si lo fuera estaríamos convirtiendo las políticas de conciliación en políticas activas de empleo y no lo son.

A través de la implementación de políticas de conciliación se trata de ayudar a las familias –no sólo a las mujeres- a lograr un equilibrio entre el tiempo dedicado al trabajo y el dedicado a la vida familiar. No sólo para que los padres –madres y padres- puedan ejercer un derecho básico, el del trabajo, sino para que los hijos sean educados y cuidados por sus padres, que es la principal responsabilidad de las familias y el papel mas importante que desempeñan de manera gratuita en nuestra sociedad. 

Son numerosos los trabajos que en esta línea se han ido elaborando desde la Comisión, el Consejo y otras instituciones comunitarias y por ello resulta imposible referirnos a todos ellos ahora, sin embargo es necesario resaltar que en todos se muestra una gran preocupación por proponer e incentivar a los estados miembros a la puesta en marcha de medidas que faciliten la conciliación.

            De la lectura y análisis de todos ellos se desprende que parece fundamental avanzar en la mejora de las condiciones que aseguren la conciliación familiar y laboral, sobre todo si se tiene en cuenta que las mujeres en edad fértil representan la principal fuente potencial de mano de obra en la Unión Europea.

Hasta ahora, las políticas de familia en el ámbito comunitario han estado ligadas al logro de la igualdad de trato, y parece que es la hora de dar un paso mas, sin abandonar este su primer objetivo. Europa envejece y  no es capaz de ofrecer a sus jóvenes los medios necesarios para que éstos logren aquello que desean: formar su propia familia.

Puede observarse algún signo de este cambio en las instituciones comunitarias. Uno de los últimos informes del Comité Económico y Social Europeo del año 2004 muestra ya otra razón de ser para las ayudas a las familias, incluso en materia de conciliación, al señalar que además de la relativa a la igualdad de trato, la conciliación debe buscar apoyar a las familias, porque éstas desempeñan tareas fundamentales que permiten que la sociedad pueda organizarse y perpetuarse. Esto supone ayudar a las familias cuando nacen sus hijos, mientras los crían y educan, cuando atienden a los familiares dependientes, sobre todo enfermos, discapacitados, o ancianos. En el contexto del envejecimiento de la población, estas políticas adquieren una importancia cada vez mayor como forma de aumentar las tasas de fertilidad ahora en declive.

El pasado mes de febrero, la Comisión Europea publicó un documento en el que se recogen los objetivos y principios que regirán la próxima Agenda Social Europea . El contenido del mismo pone de manifiesto la necesidad de volver a examinar la Agenda Social (que termina su vigencia a finales de este año), con el objetivo de lograr que la misma se enmarque en los acuerdos de Lisboa, poniendo el acento en el crecimiento del empleo y cumpliendo una función esencial como es el de promocionar la dimensión social del crecimiento económico. ¿Cabe esta promoción sin contar con la familia?. Pues de la lectura del texto de dicha Comunicación podría parecer que si. Aunque hace referencia, entre otros aspectos a la necesidad de trabajar con una dimensión intergeneracional, son inexistentes las referencias a la familia. De hecho remite a la elaboración de un Libro Verde sobre la dimensión intergeneracional que es al que nos referimos a continuación, sin tener presente que cualquier intento de consolidar un pacto de solidaridad intergeneracional exige la consideración y presencia de la familia.

Mientras no existan políticas de esta naturaleza y sobre todo mientras no se explicite la necesidad de avanzar en una mayor corresponsabilidad social y familiar, difícilmente se podrá acabar con las discriminaciones hacia las mujeres.

Por el contrario el Libro Verde, fruto de la exigencia de la Comisión que se aprobó por la Comisión el 16 de marzo de 2005 , reconoce de una manera clara y precisa la importancia del papel de la familia en las sociedades europeas ya desde sus primeros párrafos. Incluso señala que si Europa quiere invertir la tendencia del descenso de las variables demográficas, debería establecer ventajas para las familias a través de sus políticas públicas.  Insiste además en la necesidad de reconocer el importante papel que juega la familia para lograr la solidaridad entre generaciones e invita a la Unión a avanzar en el análisis y conocimiento de la situación de las familias en Europa, las dificultades de acceso a vivienda, la situación de las cada vez mas numerosas familias monoparentales, las prestaciones sociales e incluso los cuidados sanitarios, entre otros aspectos.

Igualmente muestra especial preocupación por las débiles tasas de natalidad  considerando incluso que esto supone un desafío para las autoridades públicas Nunca se ha visto en la historia un crecimiento sin cunas” llega a decir.  Sin embargo no propugna políticas natalistas, es decir de fomento de la natalidad, sino que se limita a defender un derecho básico de los ciudadanos europeo, como es el de tener los hijos que realmente desean y a lo largo de todo el texto se remite a reconocer la importancia que en este contexto tendrán las políticas de conciliación y de corresponsabilidad familiar.

Reconoce igualmente la imposibilidad de que las familias solas puedan continuar cuidado a las personas dependientes, tal como ha venido sucediendo hasta ahora, señalando la necesidad de ayudarlas a poder hacerlo. Sin embargo las propuestas que realiza son muy militadas y de escaso contenido y parece que sólo se ocupa de las familias que pueden ayudar a aumentar las tasas de natalidad en tanto que son necesarias para asegurar la sostenibilidad futura de los sistemas de protección social europeos. ¿Y que ocurre con aquellas otras que ya están formadas y que ya han aportado sus hijos?. Son muchas las cosas que quedan por hacer, muchas las iniciativas que podrían tomarse y algunas de ellas se recogen en la última sección de este trabajo.

 

5. CONCLUSIONES Y PROPUESTAS

Las propuestas que se recogen a continuación se basan en el análisis detallado no sólo del Libro Verde y de las propuestas para la Agenda Social europea sino en un conocimiento exhaustivo de la realidad socioeconómica de Europa así como en la reflexión y el estudio de trabajos que desde el mundo académico se han elaborado a este respecto. Por ello la Fundación Acción Familiar propone avanzar en una visión, análisis y reflexión extensa en torno a las políticas de familia, que no las limite a un enfoque parcial de las mismas, y para ello plantea:

  1. Trabajar sobre los posibles objetivos que podrían ser asignados a las políticas de familia, entre los que se encuentra el de facilitar la solidaridad intergeneracional, con el fin de recomendar a los estados miembros un análisis así como una revisión de los mismos a la luz de su realidad económica y social.
  2. Estudiar políticas concretas dirigidas a las familias para alcanzar los objetivos prefijados, ofreciendo un “catálogo” de políticas públicas, y recomendando el análisis y valoración dentro de su propia realidad económica, social y política.
  3. Ayudar a establecer mecanismos de “difusión de buenas prácticas”, adoptadas por los estados miembros, que se hayan mostrado eficaces, en relación con: conciliación de la vida familiar y laboral, acogimiento de menores, prestaciones y ayudas para el cuidado de personas dependientes, atención de los niños y ancianos, etc.
  4. Reconocer el valor de niños y ancianos para la sociedad, aunque no sean productivos en términos económicos, y se establezcan políticas que permitan que no se les consideren como “cargas u obstáculos” para el acceso y permanencia de la mujer en el mercado laboral. Este reconocimiento pasaría por valorar de manera especial el papel de nuestros mayores, ya que son los principales sujetos transmisores de las tradiciones y son por tanto un elemento clave en la transmisión de la cultura.
  5. Avanzar en la mejora de las condiciones que aseguren la conciliación familiar y laboral, a través de la puesta en marcha de políticas que ayuden a las familias, sin sustituirlas en la educación de sus hijos, y teniendo en cuenta que las mujeres en edad fértil representan la principal fuente potencial de mano de obra en la Unión Europea.
  6. Trabajar en la elaboración de una Agenda Social y Económica de la Familia y la Infancia que analice y reflexione sobre las importantes funciones  de interés económico y social que ejerce la familia, con el objeto de proponer recomendaciones a los estados miembros, que ayuden a lograr la viabilidad futura del pacto de solidaridad intergeneracional.
  7. El futuro de la Unión, su propia existencia (población), crecimiento económico, estabilidad social, y bienestar, hacen ineludible la rápida adopción de una Estrategia Europea por la Familia y por la Infancia, en la que se analicen sus principales necesidades y problemas, y se ayude mediante recomendaciones, a los estados miembros, a favorecer políticas que faciliten y ayuden el desarrollo de las funciones sociales que se llevan a cabo desde la familia.

Igualmente el Informe de Comité Económico y Social Europeo (2004)muestra nuevos argumentos para la ayuda a las familias, al señalar que, además de las relativas a la igualdad de trato y a instrumentar la compatibilidad de la vida familiar y laboral, parece necesario trabajar además en otro tipo de políticas de familia.

Considera que la familia desempeña tareas fundamentales que permiten que la sociedad pueda organizarse y perpetuarse. Esto obliga a asistirlas cuando nacen sus hijos, mientras los crían y educan, y cuando atienden a los familiares dependientes, sobre todo enfermos, discapacitados, o ancianos.

En el contexto del envejecimiento de la población en que se encuentra Europa, así como de tasas de natalidad tan reducidas, incapaces de lograr la reproducción de la población europea, las políticas de familia e infancia adquieren una importancia cada vez mayor como instrumentos de ayuda a los Estados de bienestar europeo, que serán absolutamente imposibles de sostener a los niveles actuales, si se reduce las funciones que desempeñan las familias.

 

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